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Ayudando a Nuestros Hijos en Tiempos de Conflicto Social

Ser padres excelentes es una tarea monumental, mucho más en estos tiempos, en los cuales la vida y la rutina diaria suelen ser tan abrumadoras, pero como si esto fuera poco, estamos en Venezuela, donde los últimos años no han sido nada fáciles, han existido una serie de circunstancias sobre las cuales no tenemos ningún control, pero, que de igual forma nos afectan a todos en mayor o menor medida.

Ahora bien, si los adultos no escapamos de esta realidad y en ocasiones o con cierta frecuencia nos encontramos abrumados, ansiosos, molestos, irritables o tristes ante tantas dificultades, ¿Cómo se puede sentir un niño? Que aún no puede entender el contexto global en el cual vivimos actualmente. Por lo cual como padres lo único que podemos hacer es intentar lidiar con toda la situación, intentando que a las niños o adolescentes no les afecte o les afecte lo menos posible, pero ¿Cómo podemos hacerlo?

¿Cómo responden normalmente los niños a situaciones de estrés?

Los niños, al igual que los adultos, se sienten asustados y amenazados por la situación actual que se vive en el país. Eventos traumáticos puntuales o situaciones de estrés continuas trastocan nuestro mundo, dejamos de sentirnos seguros, perdemos el control sobre lo que nos puede pasar. Las reacciones de nuestros hijos se van a ver influenciadas por nuestro comportamiento.

Los adultos cercanos a ellos, somos sus modelos, les enseñamos, a través de nuestras acciones, palabras y lenguaje no verbal, cómo interpretar la situación y cómo reaccionar ante ella. Los niños reaccionan al trauma de distintas maneras. La intensidad de sus reacciones dependerá, entre otras cosas, del nivel de exposición a la violencia a la que estén sometidos.

Por otro lado, cada niño expresa sus sentimientos de manera diferente. La mayoría de las veces se sienten confundidos con lo que está pasando y con sus propios sentimientos y reacciones. Algunos niños reaccionan alejándose sin poder hablar del asunto, otros hablan sin parar de lo que ha sucedido. Hay niños que se sienten tristes y enojados en algunos momentos y en otros, actúan como si nada hubiese sucedido. Las reacciones de los niños al trauma pueden ser inmediatas, pero también pueden aparecer mucho tiempo después.

Los niños, a distintas edades, tienen diferentes niveles de desarrollo emocional. Sus reacciones a situaciones de estrés dependerán y variarán de acuerdo a la edad. Una niña de seis años, por ejemplo, puede mostrar su temor acerca de lo que pasa negándose a ir a la escuela. Un adolescente, por su parte, puede minimizar su preocupación, pero volverse irritable, pelear más con sus padres o bajar el rendimiento escolar.

Familiarizarnos con las reacciones típicas de los niños y conocer y entender cómo reaccionan nuestros propios hijos ante los conflictos que estamos viviendo, nos ayudará a brindarles el apoyo y la seguridad emocional que necesitan para manejar la situación y disminuir el impacto negativo que ésta pueda tener en ellos.

 De 0 a 5 años … niños y niñas en edad pre-escolar

Los niños menores de 5 años no pueden entender bien lo que está pasando a su alrededor y esto, en parte, los protege de la situación de tensión que vivimos. Sin embargo, aún los más pequeños, perciben y absorben la angustia y ansiedad que nosotros tenemos.

Sienten que algo no está bien, aunque no entienden qué y por qué. Los bebés y niños en edad pre-escolar reaccionan al miedo y a la tensión que sienten en los adultos cercanos a ellos, son sensibles y responden a la separación y a la pérdida de estabilidad y de rutina en el funcionamiento normal de la familia. La rutina les da seguridad, el caos los pone nerviosos, les afecta. A esta edad, los niños dependen física y emocionalmente de las personas que los cuidamos. Sus reacciones están fuertemente influenciadas por cómo nosotros, las personas que los amamos, en quienes ellos confían y con quienes se sienten protegidos, reaccionamos ante la situación.

A veces, los niños convierten el miedo y nerviosismo que absorben de su entorno en terribles fantasías, sienten que nosotros o ellos corren peligro, tienen pesadillas donde se pierden, están heridos, los persiguen o les amenaza un monstruo. A veces, buscando una explicación, llegan a creer que lo que está pasando o pasó es culpa de ellos… “si me hubiera portado bien, si hubiera recogido los juguetes, nada de esto habría pasado”.

A estas edades, con frecuencia, los juegos de los niños recrean, una y otra vez, detalles de lo que está sucediendo. Elementos de la realidad, palabras, situaciones o imágenes aparecen en su juego. A través del juego los niños expresan sus angustias, sentimientos y emociones. A través del juego, de la dramatización de los eventos, los niños tratan de manejar y dar sentido a lo que está sucediendo, buscan tener algo de control sobre la situación. En estos momentos, el juego se convierte en su terapia. Jugar es una manera intuitiva de tratar de entender, de expresarse, de cuidarse y de sanarse.

Algunas de las reacciones típicas y normales de menores de 5 años son:

  • Se aferran a sus padres o personas que los cuidan. Quieren estar pegados a ellos.
  • No se quieren separar
  • Lloran, gritan o se quejan con más frecuencia
  • Vuelven a tener a comportamientos de un niño menor (volver a hacerse pipí en la
  • cama, chuparse de nuevo el dedo …)
  • Sienten miedo a que algo malo le pase a la persona que los cuida
  • Tienen miedo a irse a dormir, a la oscuridad, a salir de la casa
  • Evitan el contacto con personas o situaciones que no conocen
  • Se vuelven intranquilos, corren de un lado a otro
  • Se portan ‘mal’, haciendo cosas que no deben, se vuelven agresivos
  • Se vuelven muy pasivos o callados
  • Recrean eventos traumáticos a través del juego

De 6 a 11 años, niños y niñas en edad escolar

Los niños en edad escolar, aunque todavía no entienden bien todo lo que pasa, ya perciben y saben lo que significa una amenaza para ellos y para otras personas. A esta edad todavía les cuesta entender ideas abstractas, pero son capaces de comprender explicaciones concretas, sencillas, adaptadas a su nivel. Ahora no sólo ven lo que les pasa a ellos y a su familia, sino que se dan cuenta de lo que pasa más allá de su hogar: en la escuela, en la calle, en su barrio y en el país. Son capaces de considerar puntos de vista diferentes al suyo. Como su forma de pensar sigue siendo muy concreta, les cuesta entender en profundidad situaciones traumáticas y complejas como son la violencia social y política. Si la situación actual en ocasiones es incomprensible y difícil de procesar para nosotros los adultos, para ellos lo es más. Por eso, porque entienden, pero no entienden todo, porque captan, pero no completamente, los niños de estas edades pueden volverse muy temerosos, confundidos y ansiosos ante lo que está pasando. Pueden sentirse muy angustiados por la amenaza real que significa el que algo le pase a él, a un ser querido o a un amigo.

Sus reacciones pueden ser impredecibles, cambiando de un estado emocional a otro, pueden pasar de ser tímidos y retraídos a ser agresivos; evitar las muestras de cariño o buscarlas, requiriendo en forma constante nuestra atención. Pueden quejarse de dolores físicos, volver a sentir miedos de cosas ya superadas o, como en el caso de los niños pequeños, comportarse como niños de menor edad. Los más jóvenes de este grupo de edad pueden, como los niños pequeños, recrear en sus juegos las situaciones traumáticas que se están viviendo y hacer dibujos de los eventos que les generan tensión.

A estas edades todavía no son suficientemente independientes para hacer algo que pueda ayudar a cambiar las cosas, sentirse más seguros y disminuir sus miedos. Se pueden llegar a sentir inútiles y culpables por ‘no hacer nada’. Todavía dependen en gran medida del apoyo físico y emocional que nosotros les proporcionamos.

Es posible que los niños en edad escolar 

  • se vuelvan irritables o revoltosos
  • tengan estallidos de rabia o agresividad, inicien peleas, cuestionen la autoridad
  • se retraigan, se aíslen, quieran estar solos
  • se vuelvan reservados aún cuando estén entre amigos, familiares y maestros
  • les cueste concentrarse y poner atención en la escuela, salgan mal en la escuela,
  • hagan mal las tareas y no quieran ir a la escuela
  • tengan problemas para dormir, tengan pesadillas o se queden dormidos durante el día
  • se vuelvan temerosos, tengan nuevos miedos, miedo a la oscuridad, a los ruidos, a estar solos
  • se depriman
  • se sientan culpables por las cosas que pasan
  • se quejen de problemas físicos, tengan dolores de barriga o de cabeza
  • eviten las cosas que le recuerdan lo que pasa o la situación por la que pasaron

De 12 a 18 años, pre adolescentes y adolescentes

Los niños y jóvenes entre 12 y 18 años de edad entienden lo que está pasando. Perciben con claridad las amenazas reales que pueden existir. El mundo de pronto se les presenta como un lugar inseguro y peligroso. Los adolescentes son unos de los más afectados, física y emocionalmente, por la violencia en el país. Su comportamiento va a variar dependiendo del nivel de madurez. Las reacciones de muchos de ellos serán como las de los adultos, mientras que las de otros serán más parecidas a las de niños más pequeños. En la adolescencia los jóvenes buscan independizarse, toman sus propias decisiones y se relacionan con personas fuera de su entorno familiar. Tienden a ser idealistas, muchos quieren hacer algo, involucrarse en lo que está pasando. Deseos de justicia y sentimientos de rabia los impulsan a actuar. En estos momentos de violencia política y social pueden verse involucrados en situaciones para las cuales no están preparados emocionalmente. A veces toman riesgos provocando o ignorando el peligro.

Los que han sufrido maltrato directamente, experimentado una situación de violencia, han sido heridos o detenidos, pueden tener reacciones más intensas e impulsivas. Son muchas las emociones que les invaden y no saben cómo manejar lo que les pasa.

Más que en cualquier otra etapa de su desarrollo, los niños pre-adolescentes y adolescentes tienden a ser reservados, a guardarse para ellos mismos lo que sienten y piensan. Lo que sucede en el país, a sus amigos, a su familia les afecta fuertemente pero muchos se lo callan. Esto les puede llevar a desarrollar sentimientos de tristeza, de desánimo y de apatía. Pueden aislarse de sus amigos y de su familia. También pueden tratar de aparentar que ‘todo está bien’, que ‘no les pasa nada’. Algunos suelen involucrarse en actividades con otros, buscando dar respuesta a los problemas que están ocurriendo. Esta participación, sentir que están haciendo ‘algo’, les ayuda a manejar y canalizar sus temores y su ansiedad.

Los adolescentes pueden reaccionar de diversas maneras, a veces

  • sienten que tienen que hacer ‘algo’, quieren involucrarse en el conflicto social que
  • les rodea, participar en lo que está pasando
  • pueden llegar a tomar riesgos innecesarios o tomar parte en acciones violentas
  • pueden sentirse indefensos, tener sentimientos de angustia, de culpa y tristeza
  • tienen ganas de estar solos, sienten desánimo, se deprimen y se aíslan. Pueden
  • llegar a tener pensamientos suicidas
  • pueden abusar del uso del tabaco, alcohol y drogas
  • tienen explosiones de ira, deseos y planes de venganza
  • se vuelven irrespetuosos, pueden tener comportamientos antisociales
  • cuando han sufrido directamente o de cerca la violencia, reviven en su mente el
  • evento traumático, les vienen escenas de lo que pasó una y otra vez (flashbacks)
  • tratan de evitar sitios o situaciones que les recuerdan lo que pasó
  • se sobresaltan con frecuencia, tienen pesadillas u otros problemas para dormir
  • sufren taquicardia, tienen sensación de mareo, nauseas y vómitos
  • se sienten cansados, les cuesta concentrarse y realizar actividades académicas

¿Qué podemos hacer? – Recomendaciones para ayudar a nuestros hijos en estos momentos.

Nuestros hijos están asustados y confundidos con lo que está pasando. Nuestra tarea principal es tranquilizarlos, tratar de reestablecer en ellos un sentimiento de seguridad, que sientan que están a salvo, que están protegidos y que son queridos. Que a pesar de los peligros que puedan haber, nosotros estamos ahí con ellos para cuidarlos. Aunque los niños, por lo general, son muy resistentes, tienen defensas naturales que les ayudan a sobrellevar momentos difíciles, en estos momentos tan violentos y de tanta angustia, necesitan un apoyo especial de nosotros sus padres.

En sociedades que han atravesado conflictos sociales aún peores que los nuestros, se ha encontrado que el factor más importante que ayuda a proteger la salud física, mental y emocional de los niños son los padres y madres en el hogar. Nosotros podemos ayudarles a trabajar sus emociones, a fortalecer sus defensas emocionales, podemos brindarles el apoyo y la protección necesaria para enfrentar la situación.

Recomendaciones Básicas

  • Trata de mantener la calma. Los niños captan nuestra angustia. Mientras más tranquilos estemos con más calma responderemos a sus necesidades y ellos se sentirán más seguros.
  • No hagas como si nada estuviera pasando ni evites hablar de eso. Los niños son inteligentes, saben que algo no anda bien y pueden preocuparse si creen que tenemos miedo de hablar sobre lo que ocurre. Además si no les hablamos nosotros lo hará otra gente.
  • Diles la verdad. Aclara sus dudas. Explícales la situación en forma sencilla, a su nivel, sin detalles innecesarios que puedan angustiarlos más.
  • Mantén una rutina y normas lo más normales posible. Mantener las rutinas – comidas, baño, juegos, dormir…- es muy importante. La rutina pone orden, les da seguridad, es ‘terreno conocido’, los tranquiliza. Pero no debemos ser inflexibles, al niño le puede costar concentrarse en las tareas o irse a dormirse.
  • Sé cariñoso, y en la medida de lo posible, mantente cerca de los niños. Nuestra presencia y el contacto físico les da seguridad, los reconforta y nos permite darnos cuentas de sus reacciones. El abrazo, el dejarlos sentarse con uno, el estar tiempo extra con ellos al acostarse, los hace sentirse queridos y a salvo.
  • Permíteles y ayúdales a expresar lo que sienten, hablando o a través de vías no verbales como el arte o el juego. Explícales que es normal, en algunos momentos, sentirse bravos o tristes.
  • Evita que vean imágenes violentas y estén presentes en discusiones políticas acaloradas.
  •  Realiza con ellos actividades positivas como juegos, cantos, dibujos, oraciones o salidas al parque si es seguro.

Otras recomendaciones generales

FOMENTA RELACIONES SOCIALES – AUMENTA SU CÍRCULO DE APOYO. Promueve los lazos y el intercambio con familiares, vecinos, amigos, compañeros de estudio, de modo de que el círculo de apoyo del niño crezca. Es importante que aprenda a establecer relaciones positivas y saludables, tanto con adultos como con otros niños. El recibir apoyo de otras personas, le ayudará a superar los tiempos difíciles.

QUE ESTÉ CALLADO NO QUIERE DECIR QUE ESTÉ CALMADO. Observa a tus hijos, en especial a los más callados. Aún cuando no hablen de lo que sienten o de sus temores, dolencias físicas, cambios de comportamiento, problemas para dormir pueden ser indicativos de estrés emocional. Ayúdales a expresar cómo se sienten por medio de dibujos, juegos, escritos, u otras actividades propias de su edad.

DEDÍCALES TIEMPO EXTRA Y UN MOMENTO ESPECIAL A CADA UNO. Reserva un momento privado, especial para estar con cada niño. Tan sólo quince minutos al día, dedicados a ellos, pueden ser suficientes para ayudarlos a sentirse seguros y apoyar su salud emocional.

 HABLA DE OTRA COSA. Aunque los niños estén muy pequeños, los comentarios contínuos, las especulaciones que asustan y las imágenes o conversaciones constantes acerca de la situación aumentan sus temores e inseguridades. Limita esas discusiones en frente de los niños y procura espacios y momentos libres de temas políticos.

CONSTRUYE UNA MURALLA PROTECTORA CON COSAS BUENAS. Planifica actividades familiares que le ayuden a tener una buena reserva de experiencias positivas que le sirvan de protección ante los momentos difíciles. Esto pueden ser juegos de mesa, ver una película juntos o visitar un lugar que les guste y sea seguro.

PLANIFICA ARREGLOS PRÁCTICOS QUE BRINDEN SEGURIDAD. Planifica lo que deben hacer si pasa algo, cómo mantenerse comunicados, a dónde ir. Haz planes que den un sentido de seguridad, como evitar ciertas calles o regresar a cierta hora. Comparte con tus niños los planes, eso les hará sentirse seguros a ellos también.

COMBATE LA INTOLERANCIA – PROMUEVE LA CONVIVENCIA. Es importante revisar nuestra propia agresividad, nuestro lenguaje y los comentarios que hacemos sobre la situación. Debemos ponerle un parado al ambiente de odio e intolerancia que se ha generado en el país y evitar ‘echar más leña al fuego’. Los insultos, las generalizaciones ‘todos esos xxx son unos xxx’ metiendo a todo un grupo en el mismo saco nos están haciendo daño a todos. Debemos evitar el uso de un lenguaje que exprese descalificación, burla, humillación u ofensa.

Tratemos de promover en nuestro hogar, en la familia, con los vecinos y con los niños y jóvenes un ambiente de tolerancia y respeto a las ideas de los otros. Esto no quiere decir que aceptemos las injusticias, que no tengamos y defendamos nuestras ideas o que cambiemos automáticamente nuestra forma de pensar. Si hay responsables hay que señalarlos, pero sin generalizar u ofender. Es necesario bajarle el tono a la discusión, ver los tonos de grises. Protejamos a nuestros hijos de una polarización llena de etiquetas que ha fracturado al país y roto la convivencia, de un ambiente intolerante que ha hecho un gran daño físico, social, moral y emocional a nuestras familias y nuestra sociedad.

No dejemos que la violencia se meta en nuestros corazones y nos domine. La democracia se construye también desde nuestros hogares a través del diálogo, fomentando la paz y el respeto al otro y a las diferentes ideas.

Recuerda:

NO

  • les exijas que sean valientes
  • los sobrecargues con tus miedos o tu angustia
  • minimices o menosprecies sus temores
  • te enojes si muestran emociones fuertes, no permitas que sus reacciones te molesten
  • te alteres si ellos comienzan a mojar la cama de nuevo, a portarse mal, chuparse el dedo

DILES

  • que los quieres
  • que están juntos, a salvo
  • que los vas a cuidar
  • que lo que pasa no es culpa de ellos
  • que es normal que estén alterados, que sientan miedo o estén bravos

AYÚDALES

  • a poner sus miedos en perspectiva
  • a expresar y a compartir, lo que están sintiendo y pensando
  • a canalizar sus emociones en forma positiva
  • a sentirse seguros

DÉJALES

  • llorar
  • que estén tristes o molestos
  • tomar algunas decisiones por sí mismos, cuando sea posible, como elegir que van a comer o qué ropa ponerse
  • expresar lo que sienten sin ser juzgados o criticados

ACUÉRDATE

  • del contacto físico, del abrazo, del beso, de la palmada en la espalda a los más grandes
  • de que te sientan ahí, con ellos
  • a veces un abrazo es todo lo que  necesitan para sentirse mejor

ESCÚCHALOS

  • pon atención a lo que dicen, pero sobre todo a cómo se sienten
  • anímalos a que te hagan preguntas pon atención a sus juegos, a sus dibujos a su lenguaje corporal, eso te dará pistas de lo que les preocupa y cómo ayudarlos
  • asegúrate de que se sientan escuchados
  • acepta y respeta sus sentimientos

Cuidándonos a nosotros, para poder ayudar a nuestros hijos

El estrés puede afectar nuestra salud física y mental. En estos momentos de tanta angustia y tensión, es muy importante cuidarnos a nosotros mismos. Debemos mantenernos fuertes física y emocionalmente para poder dar el apoyo que nuestros hijos y seres queridos necesitan.

Físicamente:

  • Trata de dormir bien y tomar algunos minutos de descanso durante el día. Esto puede parecer casi imposible, pero es fundamental estar descansados.
  • Haz algún ejercicio de relajamiento y respiraciones que te calmen. La respiración es una fuente de energía. Hacer por unos minutos respiraciones lentas y profundas, centrándonos en nuestra respiración, es una herramienta de relajamiento fácil y útil para aliviar la tensión. Las respiraciones profundas le dan a nuestro cerebro el oxígeno que necesita.
  • Toma bastante líquido. La deshidratación produce dolores de cabeza.
  • Trata de hacer algún tipo de ejercicio. El ejercicio nos ayuda a eliminar toxinas, nos da energía, nos calma y nos ayuda a seguir adelante. Caminar rápido por 20 minutos es un buen ejercicio.
  •  Evita el alcohol y el cigarro.

 Mental, emocional y espiritualmente:

  • Revisa cómo te estás sintiendo, reconoce y acepta tus niveles de estrés, de angustia, de rabia, si reconocemos nuestros propios sentimientos y los canalizamos de una manera positiva, podremos apoyar mejor a nuestros hijos.
  • En la medida de lo posible, trata de mantener tu rutina diaria. Incluye actividades que te agraden y te llenen como leer un libro, hablar con un amigo, jugar cartas, oir música.
  • Limita y filtra la información que recibes sobre lo que está pasando. Descansa del twitter, la televisión, la radio, el internet y otros mensajes electrónicos. El exceso de información muchas veces no nos ayuda, aumenta la incertidumbre, nos agobia y genera angustia.
  • Mantente en contacto con familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo para apoyo mútuo. Conversa sobre lo que sientes y lo que te preocupa con gente de tu confianza.
  • Conversa también sobre otras cosas que no tengan que ver con la situación social y política. No hagas de la política tu único o principal tema de conversación.
  • Promueve un ambiente de paz, diálogo y tolerancia en la casa y con los que te relaciones. Evita los mensajes de odio o violencia y el lenguaje de descalificación o burla.
  • Busca y enfócate en cosas positivas que te nutran. Lee materiales que te ayuden. Es importante continuar experimentando cosas positivas, celebra los cumpleaños, almuerza en familia y sal con tus amigos.
  • Evalúa hacer cosas creativas, como escribir o pintar, donde puedas plasmar tus emociones.
  • Haz planes y arreglos prácticos que te hagan sentir seguro, como tener los números de teléfonos de familiares, saber a quienes llamar o a donde ir si pasa algo.
  • Si eres religioso o crees en la oración reza y asiste a los servicios religiosos como forma de apoyo y búsqueda de paz interna.
  • Busca actividades que puedas realizar para ayudar a otros. Ser generoso, solidario, apoyar a otros nos hace sentirnos útiles, nos devuelve algo del control que hemos perdido y nos reconforta.

Psicólogo Rogelio Castellanos
Teléfonos: 0414-4346837 / 0412-4089701 (WhatsApp)
Email: rogelioc@tuconsulta.com.ve
Encuéntrame en Facebook, Twitter e Instagram como @psicologorc

Reproducción parcial del Material ¿Qué podemos hacer? – ayudando a nuestros hijos en tiempos de violencia y conflicto social, realizado por Carolina de Oteyza

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